Minientradas

Dioses menores

dioses menoresEste libro me sorprendió. Claro que había escuchado o leído sobre Terry Pratchett, especialmente este año luego de su muerte. Pero nunca había leído nada de él. Sabía que a algunos lectores  les constada acostumbrarse a su forma  de escribir, pero la mayoría de las opiniones  eran buenas. Si bien no tiene la popularidad mediática desbordante de otros autores es sin duda un referente y cuenta con devotos seguidores. (más…)

Fatale

fataleEs una obra  del género negro y de terror. Como tal cuenta con ingredientes como: cultos satánicos, sectas, películas truculentas, sexo, drogas, y varias clases de excesos. Además de un manuscrito perdido, referencias a dioses-demonios de más allá de este mundo  e historias folklóricas casi olvidadas. La influencia de Lovecraft se palapa en cada rincón. Todo configurando un ambiente decadente, que salta (y se cruza) entre Hollywood de 1978 y una época más actual. (más…)

En el nombre del poder popular constituyente

“En nuestro caso, hoy, siglo XXI, podemos reconocer que el Estado Neoliberal de 1980 nació ilegítimo, que no ha sido socialmente eficiente y que carece actualmente de credibilidad y representatividad.”

Hace varios años cuando leí este libro por primera vez me impresionó profundamente. La claridad y profundidad de la argumentación me sobrecogió y me emocionó. Era mi primer encuentro con la obra de Gabriel Salazar, a pesar de que por diferentes razones  comenzaba a estar más familiarizada con su figuración pública.

“Hace ya 38 años desde que las Fuerzas Armadas, capitaneadas por Augusto Pinochet, nos forzaron, a balazo, corvo y picana eléctrica, a someternos al modelo neoliberal más extremista de la tierra… Y hace ya 21 años desde que la Concertación de partidos por la Democracia, volviendo la espalda a sus principios históricos, comenzó a administrar la herencia pinochetista con ortodoxa eficiencia neoliberal… ¿No será demasiado tiempo?”

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No nos resignamos a la injusticia

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Imagen encontrada en algundiaenalgunaparte.com

El discurso dado por Juan Goytisolo al recibir el Premio Cervantes 2014 hace unos días  ha sido calificado de indignado y contestatario.

“Porque las razones para indignarse son múltiples y el escritor no puede ignorarlas sin traicionarse a sí mismo”

“Es empresa de los caballeros andantes, decía don Quijote, “deshacer tuertos y socorrer y acudir a los miserables” e imagino al hidalgo manchego montado a lomos de Rocinante acometiendo lanza en ristre contra los esbirros de la Santa Hermandad que proceden al desalojo de los desahuciados, contra los corruptos de la ingeniería financiera o, a Estrecho traviesa, al pie de las verjas de Ceuta y Melilla que él toma por encantados castillos con puentes levadizos y torres almenadas socorriendo a unos inmigrantes cuyo único crimen es su instinto de vida y el ansia de libertad.”

Para mi fue como un pequeño oasis de loca cordura, que en estos tiempos asombra tanto. Y por qué no, estas palabras también son una fuente de inspiración para quienes de vez en cuándo nos preguntamos: ¿Por qué seguimos esperando que las cosas cambien para mejor? ¿ Por qué aún esperamos que al fin haya justicia?


 

Algo mas de Juan Goytisolo

Según Goodreads.com Juan Goytisolo (1931) escritor español nacido en Barcelona:

Desde la trilogía formada por Señas de identidad, Don Julián y Juan sin tierra, que le situó entre los mejores autores de la literatura española contemporánea, la obra narrativa de Juan Goytisolo (Barcelona, 1931) ha derivado en cada nueva singladura hacia territorios inexplorados que cuestionan siempre el género de la ficción. Esta voluntad de ir a contracorriente ha propiciado la gestación de textos tan singulares como Makbara (1980), Las virtudes del pájaro solitario (1988), La cuarentena (1991), La saga de los Marx (1993), El sitio de los sitios (1995), Las semanas del jardín (1997), Carajicomedia (2000), Telón de boca (2003) o El exiliado de aquí y allá (2008).

No obstante, Juan Goytisolo no destaca sólo como autor de ficción, sino que también cultiva con maestría el género del ensayo, con obras como Contra las sagradas formas (2007) o Genet en el Raval (2009). En 2014 se le ha otorgado el Premio Cervantes de las Letras.

Cuentos Chinos del Río Amarillo

Cuentos chinos del río amarillo
Cuentos chinos del río amarillo

Por amor a una humilde hojita de jengibre el Dragón del Norte se convirtió en río y  llego a ser el Emperador de las Aguas Terrestres. Este libro es la historia de su vida y aprendizaje, ya que para los dragones y ríos como para los seres humanos puede ser la misma cosa.

Este libro reúne cincuenta cuentos, extraídos desde la oralidad del pueblo que nació y se desarrollo a las orillas del magnifico río amarillo. Encierran un profundo saber transmitido a través de su imaginario popular.

Resulta cercano al mito y la fantasía, pero también nos permite una lectura política y filosófica. Y por supuesto posee una belleza literaria identificable con esta tradición cultural.

Es decir, como muchos cuentos (y otras expresiones artísticas) se puede entender en varios niveles. La caracterización y personificación de elementos de la naturaleza como el fuego o el río junto con personajes como los dragones y emperadores es aparentemente llana y sencilla pero posee brillantes vetas de sabiduría.

Autor(a): Imelda Huang Wang y E. P. Gatón

Editorial: Siruela

I.S.B.N: 9788498411973

Hermanos

-Parece que va a llover- dijo en tono somnoliento mientras corría la cortina de la ventana.

Pero nadie lo escuchó. Había llovido por varios días seguidos y comenzaba a hacer mucho frío. Los demás se  afanaban en sus asuntos para salir a la hora, sus hermanos al colegio sus padres a su respectivos trabajos.

-Parece que va a llover-repitió Francisco ya en el auto de mamá.

-Sí, cariño-dijo su mamá. -Dijeron en la tele que haría mucho frío, a lo mejor cae nieve.-¿Te abrigaste bien?

-Sí-dijo Francisco mientras jalaba con una mano enguantada las varias capas de ropa de abrigo que lo cubrían.

¿Neeve?– preguntó.

-Son pelotitas de hielo que caen del cielo, como lluvia pero blanca-aportó Pedro su hermano menor.

Los hermanos continuaron su conversación mientras la madre los miraba por el retrovisor. Había sido difícil al comienzo. Un tercer hijo a su edad. Pero decidieron aceptarlo como viniera. A pesar de esa decisión pidió cada noche y  cada día que las cosas fueran diferentes. Pero dios andaba de vacaciones o era parte del gobierno, porque o no escuchó o fingió no escuchar o simplemente dijo que no. Al final todo fue exactamente como los médicos dijeron. No volvió a rezar hasta después del siguiente parto cuando le pasaron a Pedro rosado y chillón, que estrenaba sus pulmones con un buen llanto.

Ahora Pedro con toda naturalidad le explicaba a su hermano mayor los pormenores de la nieve. Lo informó con entusiasmo de las bolas de nieve, los muñecos de nieve, los ángeles de nieve, los fuertes de nieve, y del insondable misterio del sabor de la nieve. Francisco lo recordó de inmediato. Todos los personajes de caricaturas que le gustaban jugaban en la nieve alguna vez. Le entusiasmo la idea. Entonces llegaron a su ex colegio, donde estudió hasta primero básico cuando las letras y los números se colaron en su mundo de niño eterno. En ese momento murió el entusiasmo.

Lo peor de todo no fue separarse de sus amigos o de su profesora. No fue que se le comenzara a caer el pelo a mechones, dejándole aureolas en la cabeza que los niños mayores golpeaban cada vez que podían. No fue sentir el vértigo de un vacío inmenso que lo separaba de los demás niños. Lo peor de todo fue sentir que al otro lado de ese vacío estaba su hermano. Que él estaba solo.

Siempre habían estado juntos. Ellos dos formaron una dupla natural, como sus hermanas mayores entre sí. Pedro caminó primero y si no fuera por las ganas de seguirlo Panchito se hubiera quedado sentado o desparramado en el suelo, vencido por la hipotonía de sus músculos o la letanía de sus pensamientos. Desde entonces sus pasos siempre se acompañaron. Como no seguirlo donde fuera si los colores de la vida viajaban con él.

Pedro se bajo del auto y se despidió desde afuera con una media sonrisa como siempre y corrió hacia su colegio.

-Chao, hemano– dijo Panchito demasiado lento en responder.

Pedro ya no lo podía oír. Pero Francisco igual agitó la mano en despedida sin levantar la vista.

Pedro ya estaba en el colegio cuando paro de correr. Siempre le dolía un poco separarse de su hermano, que era tan grande y tan frágil. Mejor despedirse rápido y no ver sus ojos chinitos ponerse tristes. De pequeño a Pedro le costó bastante integrarse al curso. Era muy diferente enfrentarse a la vida en solitario, que con un escudero fiel. Había cosas que no entendía, cosas que eran distintas. Se sentía solo. Así que  pegó, jaló y mordió hasta que se cansó a compañeros y hasta profesores. Cuando por fin, rendido y conquistado comenzó a jugar con otros niños había pasado casi un año escolar completo. Ahora era casi uno más del grupo y varios años habían pasado.

Más tarde al otro lado de la cuidad, Francisco entró de la mano de su mamá a su actual colegio. Ella lo llevó hasta la sala de clases y habló con la profesora sobre la medicina de los oídos. Le dejó bien puestas las orejeras antes de despedirse. Había estado enfermo una semana pero se encontró con la misma leche de siempre y con el mismo puzzle de animales que se le había resistido tantas otras veces.

Sin mucho interés en la tarea su atención voló hasta el enorme ventanal. Y algo inusual lo cautivó. Se puso de pie arrastrando la silla, lo que llamó la atención de la profesora que se limitó a observarlo sin decir nada. Panchito había llegado hasta la puerta y la abrió para salir al patio. Necesitaba probarla.

El movimiento inesperado despertó al fin a los otros niños, que como si fueran patitos lo siguieron al patio. Comenzaba a caer la nieve. Mientras la profesora suspiraba resignada. Francisco alzó el rostro y saco la lengua, una lengua demasiado grande para su boca, que serviría muy bien  para intentar atrapar un copo de nieve.

A su alrededor los otros niños extendían las manos al cielo o miraban sorprendidos dando saltitos. “Los niños están conociendo la nieve”, informó con solemne gesto la profesora a la directora, la  que los miraba con ceño fruncido desde su oficina.

Al otro lado de la ciudad en medio de la algarabía de otros niños Pedro también abría la boca y sacaba su lengua para cazar un copo de nieve.


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La melodía de un tango

La melodía de un tango solía flotar en la esquina de Cumming con Huérfanos. Sí, ahí a una cuadra de la Plaza Brasil. En esa esquina había una carnicería de las antiguas, de esas que son atendidas por su dueño, que se abren cuando él llega y se cierran cuando él se va, que viven a su propio ritmo. Era de esos locales que no son cadenas comerciales, sino que tenía un letrero pintado a mano afuera y un retrato de Gardel dentro. Las vitrinas estaban adornadas por un rebaño de animales de plástico, vacas gordas y cerdos más gordos, todos en miniatura acompañados por un muñeco bebe, que se me antojaba pastoreaba el rebaño plástico por no encontrar una explicación mejor a su extraña ubicación.

Los pequeños vigilaban la suerte funesta de sus congéneres de carne y hueso al otro lado del vidrio, saludaban a las vecinas y se despedían cuando se iban, se acordaban de preguntar por ese hijo al que la señora Juanita casi no ve, y de cómo ha estado de la presión don Genaro. Por supuesto, para no espantar a la clientela él que hacia las preguntas y los comentarios amables era el Dueño, que entendía a la perfección el idioma secreto de los animalitos plásticos a fuerza de décadas de convivencia pacífica.

Así las clientas frecuentes acudían por un trozo de carne y una conversación amena con el casero de años, sin sospechar que ese buen hombre con dificultad recordaba sus nombres. Ya que prefería ocupar su mente en practicar pasos de baile imaginarios para el fin de semana, cuando pudiera sacar el equipo de música por la ventana. Y así no más, tomarse la vereda bailando un buen tango en plena calle santiaguina. Yo no lo conocí en persona, jamás hable con él, pero sabía, como lo sabría cualquiera que hubiera pasado por esa esquina, que amaba el tango un poco más que a su negocio.

http://www.youtube.com/watch?v=RmXCVOmOCPU

Parte de lo que te cuento lo descubrí el día de mi cumpleaños, hace varios cumpleaños atrás. Caminaba mirándome los zapatos, cuando casi tropiezo con una pareja que como salida de la nada bailaba tango en la calle. Gráciles, jóvenes, encantadores, impecablemente vestidos. Todo lo que debe ser un bailarín, ahí justo delante de mí en medio de la calle. Interpretaron un tango arrebatador, mientras yo me acomodaba junto a los otros sorprendidos espectadores. Era tan bonito que ni siquiera me acorde de sacar una foto para probar lo que vi. Tendrás que creerme. Bailaron por la vereda, por la calle, bailando se subieron a una banquita y hasta a una camioneta, incluso se bajaron elegantemente sin dejar de bailar cuando amenazó con irse con ellos aun arriba.

Allá al otro lado del gentío estaba él, el Dueño, mirando, absorto como un niño, tal vez feliz, no llegue a saberlo. En la siguiente canción el Dueño se incorporó y varios bailarines invitaron al público a bailar. Yo hui disimuladamente. Pero hasta hoy atesoro ese recuerdo como un bello e inesperado regalo de cumpleaños.

http://www.youtube.com/watch?v=iW71-sVyMzM

En esa misma esquina ahora hay una sucursal de una cadena de comida rápida, y a su favor debo decir que ha sobrevivido, por lo menos, a una denuncia pública de insalubridad. Para no pensar en esto último, cuando paso por ese lugar prefiero acariciar un recuerdo que brilla en mi memoria como una moneda nueva. Puedo ver cómo se desarrolla la siguiente imagen: el Dueño con terno y sombrero de medio lado sentado en la mesa del fondo con los animalitos plásticos posados cómodamente en sus hombros o que le bajan por los brazos susurrándole alegremente anécdotas del pasado. El Dueño asiente al tiempo que mira complacido a una pareja de bailarines de tango que surcan el aire. De fondo Gardel pegado en la muralla canta su mejor canción y la melodía de un tango aún flota en el aire.


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