Infiernos

A lo lejos oía gritos suplicantes. Algunos llamaban a sus madres otros pedían misericordia a dios, otros pocos sollozaban silenciosamente para no parecer débil en el reino de los fuertes y condenados. Un ruido telúrico lo despertó un poco más. Todo era oscuridad. El ambiente caluroso y enrarecido lo sofocaba. En medio de su tortura se dio cuenta de que todo le dolía, especialmente las costillas, que en cada respiración perforaban un poco más su tierna alma. En un espantoso momento de lucidez vio claramente el instrumento de su tormento. Un taladro gigante hurgaba la tierra. ¡Maldición!.. estaba vivo.

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